Siete cuentos y una oca

Imaxe xogo da oca

Para perderse en el bosque solo hay que cerrar los ojos y pensar un trozo en los cuentos de la infancia. Enseguida aparecerá una capucha roja en una encrucijada y un rastro de migajas de pan reseso marcando el camino entre las sombras de los árboles. Más tarde vendrá un mundo de pájaros a peteirar en ellas y unas botas de siete leguas dejarán marcadas sus inmensas huellas en la poeira, mentre un gato con botas va y viene todo apurado. Cuando la noche borre el sendero, aparecerá el reino del claro del bosque. Desde allí emprenderá su camino hacia el palacio del príncipe a comitiva del ataúd de cristal. De cristal era el zapato que no estaba hecho para pisar en los caminos y de cristal parecía el reflejo de un cisne en aquel lago camino de la primavera.

Pero la memoria no es tan frágil como el cristal y tiene bien guardado este camino de cuento. Una ruta con atrancos, dificultades, prisiones y laberintos, pero que también cuenta con puentes, objetos mágicos y bienhechores que ayudan a llegar a la meta del "cuento contado".


Colectivo Acatrotintas